Arturo Santana: “Pude hacer la película que quise”

Entrevista / Hilda Rosa Guerra Márquez

17 de junio 2019

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Foto: Maria Lucía Expósito (JYD)

Desde que Arturo Santana escribió el guion de su segundo largometraje de ficción, Habana selfies, sabía muy bien lo que quería: “Mirar por dentro a los personajes, descubrir sus emociones y mostrar las atmósferas más que las anécdotas y los acontecimientos”.

Producida por el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, la película nació bajo inspiración del largo Paris, je t´aime, iniciador de la franquicia Cities of Love. Su director se preguntó entonces, hace casi diez años, por qué no hacerle un filme a La Habana, que es también una ciudad de amor.

Habana selfies es una comedia urbana, como él mismo la califica. Se compone de seis historias de amor, con personajes y situaciones universales y contemporáneas. Los cuentos son Consejos amorosos, El escorpión del desierto, María y José, Trece minutos y medio, La persecución de Amélie y uno que viaja a lo largo de toda la película quizá, precisamente, porque se desarrolla dentro de un auto que atraviesa la ciudad nocturna.

“Quisiera hacer una trilogía de La Habana (Bailando con Margot es el primero de los filmes). La ciudad es vital en mi obra, pero en este caso me interesa más lo que les ocurre a los personajes por sus decisiones personales, que por la influencia del contexto”, señala Santana.

Asimismo, el cineasta ha dejado claro en varias ocasiones que aunque se trata de una comedia, no le interesa la risa por la risa ni los discursos ideológicos. “Tampoco temo a los géneros (hay melodrama, farsa, musical) ni a los referentes. Hay guiños, entre otros, a la Nueva ola francesa, el cine independiente estadounidense y el inevitable Titón, con su collage cinematográfico y humor inteligente”.

Habana selfies se filmó en casi dos meses y, aunque sus historias son contemporáneas, el proceso no fue tan sencillo. Estar pendiente de seis relatos al mismo tiempo demandó para el director versatilidad y concentración, aunque él y su staff aseguran que fue muy divertido. Ahí radica, muchas veces, el éxito del trabajo.

En estos momentos el filme se encuentra en posproducción. El primer corte de edición ya está listo y su director, como comentó en conferencia de prensa, está “sospechosamente contento”.

¿Cuánta diferencia hubo entre el guion y la película que filmó?

Esta es exactamente la película que escribí. Lo que sucede es que a la hora de la puesta en cámara siempre la realidad, el set, los actores, tú mismo, tu reencuentro con la historia te permiten, obligan o instan a hacer cambios. Pero realmente está muy cercano a lo que concebí.

¿Hizo, entonces, la película que quiso o la que pudo?

Pude hacer la película que quise. La producción me respondió, los actores y el staff técnico también. Filmé la historia que me interesaba contar.

Bailando con Margot es un único relato. Habana selfies tiene seis. ¿Cómo fue la experiencia en el rodaje?

El reto estuvo en lidiar con cada historia. Las seis tienen tonos y géneros distintos, y eso es lo que hace complejo el filme. Es usual que un largometraje conformado por varios relatos sea dirigido por varios directores, lo que permite que cada realizador se centre en su cuento y su estilo. Yo tuve que lidiar al mismo tiempo con seis diferentes y cuando los colocas dentro de un plan de producción puedes rodar un mismo día tres escenas de tres historias distintas. Eso exige mucha concentración y que te reinventes diariamente.

La mayoría de las escenas son en exteriores ―la ciudad tiene que estar presente―. ¿De qué manera incidieron las complejidades de rodar fuera en lo que quería contar?

Los inconvenientes de rodar en exteriores afectaron lo que yo quería decir, pero no permití que afectaran a donde yo quería llegar. Tomé las decisiones de manera tal que no frustraran mis intenciones, que fueran capaces de llevar a los actores y la idea central a buen puerto. Las ciudades grandes son como monstruos, te puedes encontrar gente buena, con ganas de ayudar, pero también gente que no le interesa lo que estás haciendo. A eso súmale ruidos, condiciones climáticas… Pero para ofrecer La Habana tienes que salir a buscarla y hay que buscar soluciones para no perder la historia.

Soy un director que trabaja rápido, no acostumbro a romper planes, pero el clima, por ejemplo, alteró en ocasiones el plan de producción. Un día me tomó cuatro horas filmar unas escenas de un cuento porque el sonido de la lluvia interrumpía, y luego que escampó, aún molestaban las goteras cayendo encima de techos y el suelo. Tuvimos que cubrir varias superficies con colchas y lo que teníamos a mano para absorber el ruido de las gotas. Eso va contra un plan de producción, pero tienes que respetar el tempo de los actores y el tono de la historia.

El rodaje es un acto de fe muy grande. En la escuela no hay ninguna asignatura que se llame “Rodaje”. Te enseñan cine, a intentar ser cineasta, pero no pueden enseñar qué pasa en un set de filmación. Es una experiencia que depara sorpresas y misterios. El desafío, precisamente, está en salir a filmar todos los días.

¿En esta película hay algún elemento protagonista? Dígase fotografía, música, dirección de arte, actuación…

Mi interés supremo era contar las emociones de los personajes y mostrar las atmósferas de sus situaciones.  Lo demás está en función de eso.

¿Eres de los que opinan que es suficiente con que la película guste a su realizador o debe agradar también a los espectadores?

Salí a buscar las historias en la ciudad y quise contarlas de manera tal que el espectador sintiera empatía inmediata por cada una de ellas. Yo quiero que el público disfrute mi cine y entienda lo que narro. Para hacer una película interesante y diferente no hay que hacerla ininteligible.

De hecho, los espectadores pueden identificarse con los personajes fácilmente, y no solo los cubanos, sino cualquier persona, pues estas situaciones pueden pasar en cualquier rincón de la tierra. Qué bueno que en La Habana a la gente le sucede lo que ve en películas de otros. Qué bueno que La Habana también es una gran ciudad. Debemos hacerla universal. Ese también es mi propósito.

¿Piensa que en otros filmes hay una visión reducida de la ciudad?

La Habana se muestra muchas veces bajo una visión estereotipada. Me gusta romper esquemas, esa imagen que tienen de ella y su gente. Mis personajes no son abordados con frecuencia en el cine cubano, pero yo cuento solo seis historias, la ciudad tiene dos millones y cualquiera puede ser interesante.

Habana selfies, como ha dicho Santana desde el principio, es una película de amor. Hay amor romántico, a la ciudad, al trabajo, a los padres, a sí mismo… Debemos, esperar, entonces, el mes de noviembre, fecha en que se prevé sea su primera puesta en la gran pantalla, como homenaje al aniversario 500 de la otrora villa de San Cristóbal, para descubrir qué les pasará a esos personajes que se aman al menos un instante. Aunque su director ha confesado que los seis relatos cierran, “pero tienen apariencias inconclusas porque la vida no es definitiva ni definitoria. Es mejor que cada espectador se imagine cómo continúa la historia que obligarlo a pensar un solo final. Me gusta eso de preguntarle: ¿Qué crees que pasará?”.

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COMENTARIOS

  • Los que conocemos y amamos La Habana estamos esperando ansiosos el momento de ver esta película. Que el éxito acompañe a Arturo Santana en esta y en todas sus obras.