Habana Selfies: un viaje en el tiempo y el espacio

Crónica / Redacción Habana Selfies

16 de septiembre 2019

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Foto: Carlos Miranda

Uno de los méritos que desde ya podemos atribuirle a Habana Selfies es el de recorrer La Habana y hacer que el público la revisite con otros ojos. Cada locación, cuidadosamente escogida, se transforma con la magia del cine, pero mantiene su esencia para que el espectador, en una especie de juego, la descubra.

La riqueza de La Habana radica, entre otras cosas, en su eclecticismo. Su arquitectura, religión, cultura y bohemia hacen que todo parezca posible en esta ciudad maravilla.

No es de asombrar entonces que en los bajos de un hotel de casi treinta pisos construido en los cincuenta, se abra un portal que nos traslada al otro lado del mundo. Justamente ese tránsito en el espacio siente quien visita el bar-restaurante que Arturo Santana eligió entre las locaciones de su filme: El Polinesio.

Un romance, una historia.

El hotel Habana Libre, el cual cambió de nombre a mediados de los 60 del pasado siglo, donde se ubica este bar que ya muchos pasan por alto, fue construido como hotel Habana Hilton en la época en que Fulgencio Batista hacía y deshacía en la Isla.

Rodaje de Habana Selfies en el Bar Restaurante El Polinecio. Foto: Carlos MirandaSegún los entendidos en el arte culinario, la cultura de la Polinesia inspiró a varios emprendedores que hicieron de su sabor y su estética el tema fundamental de cadenas de restaurantes y bares. Y así llegó, como moda, a los hoteles Hilton, y claro, también al nuestro. Su aparente informalidad, el uso de la madera, el mimbre, la decoración temática y la carta de cócteles a base de rones, frutas y flores, transmitían ese exotismo del Pacífico, pero en el Caribe, y convirtieron a este bar-restaurante en uno de los principales atractivos del hotel.

Rodaje de Habana Selfies en el Bar Restaurante El Polinecio. Foto: Carlos Miranda
Rodaje de Habana Selfies en el Bar Restaurante El Polinecio. Foto: Carlos Miranda

El Polinesio se las arregla para lucir glamuroso incluso cuando su decorado recrea la rusticidad de aquellas islas lejanas. Ante tantas y nuevas opciones que se abren cada día en La Habana, El Polinesio resiste por su privilegiada ubicación, sus happy hours y su glamour, que si bien se percibe en cada detalle, muestra ya evidencias del paso de los años.

Cuentan que a finales de los sesenta el Habana Libre fue un centro de reunión de los intelectuales, que hacían un puente entre el Pabellón Cuba y el Coppelia. Dicen que reconocidos artistas de la época frecuentaban El Polinesio, donde las noches propiciaban una singular mezcla entre farándula y cultura.

Y allí, a la sombra de tanta historia, acuden dos personajes de Consejos amorosos, uno de los relatos de esta película cargada de amor, de ciudad y de todo lo que resulta de los casi siempre complicados amores urbanos.

De El conejito a La coneja

Todo un cuento de Habana Selfies, 13 minutos y medio, transcurre en El Conejito. Este restaurante, inaugurado en 1966, se enclava en una edificación que remite al estilo arquitectónico inglés. Obra del arquitecto Gustavo Bolet, en El Conejito, como es de esperarse, el conejo protagoniza varios platos. Completamente anacrónico frente al imponente edificio Focsa, El Conejito deleita a los amantes de las fachadas de ladrillos y el estilo inglés.

Pero el cine llega a los lugares y hace de las suyas. Los protagonistas de esta historia se adueñan del lugar y lo transforman. Allí bailan, cantan, cocinan y exorcizan sus sueños y frustraciones. Incluso le cambian el nombre, o más bien el sexo del animal, pues en el filme el restaurante pasa a llamarse La Coneja.

Rodaje de Habana Selfies en el Restaurante El Conejito, ubicado en la esquina de 17 y M, en el Vedado. Foto Carlos Miranda.

No hay mucho que decir de El Conejito salvo que, actualmente, como muchos otros sitios de la ciudad, muestra rasgos de descuido y, también, de olvido. Quizás la película haga un llamado de atención hacia esta esquina de El Vedado.

Si quieres conocer una ciudad puedes hacerlo de tres maneras: caminarla, indagar en su pasado y verla en la gran pantalla. Así, gracias al cine, muchos cubanos y cubanas hemos viajado el mundo sin levantarnos de la butaca. Habana Selfies es, entre muchas cosas, un paseo por una ciudad donde presente y pasado parecen fusionarse en cada piedra.