Prado y Galiano, arterias del corazón de La Habana

Reportaje / Hilda Rosa Guerra Márquez

2 de septiembre 2019

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Foto: Carlos Miranda

No se concibe un álbum de La Habana sin las fotos de dos de sus calles más emblemáticas. Sus (auto)retratos son parte de la historia de una ciudad centenaria porque ellas, las calles, también la han construido. Prado y Galiano, Galiano y Prado, hermosas, vibrantes, eclécticas… El lente de Arturo Santana no quiso escapar de tales arterias y ambas fungen como escenarios importantes en su segundo largometraje de ficción, Habana selfies.

A 1772 se remonta el nacimiento del llamado Paseo del Prado. Su trazado se realizó desde la Fuente de la India hasta Malecón bajo el gobierno colonial del Marqués de la Torre, Capitán General de la isla. Su primer nombre fue el de Alameda de Extramuros o de Isabel II, por encontrarse afuera de la gran muralla de La Habana. Sin embargo, tal y como lo conocemos hoy quedó inaugurado en 1928.

Paseo del Prado, La Habana. Foto: Carlos Miranda.
Paseo del Prado, La Habana. Foto: Carlos Miranda.

Este paseo, centro de la vida social en La Habana a finales del siglo XVIII y durante el siglo XIX, fue y es hogar de algunas de las edificaciones más importantes de la capital: el Capitolio, joya arquitectónica de Cuba y el mundo; el Gran Teatro de La Habana, antiguo Teatro Tacón, por cuyos escenarios han desfilado importantes figuras de la ópera, el ballet, la zarzuela…; el cine-teatro Payret, coliseo de grandes artistas, de conciertos, filmes, festivales, discursos, óperas y operetas, circos y deportes de combate; los históricos hoteles Inglaterra, Telégrafo y Saratoga, los noveles Packard y Paseo del Prado; la Fuente de la India, representación de la india Habana en cuyo honor fue nombrada la ciudad; la Fortaleza de San Salvador de la Punta, que ha vigilado la entrada de la bahía durante siglos; el Parque Martí, que acoge la primera estatua que se erigió en Cuba en honor al Héroe Nacional; el Parque de la Fraternidad, desde donde partiera en 1856 en su globo aerostático, para no volver jamás, el inventor portugués Matías Pérez.

Custodiado por ocho leones fundidos con bronce de los cañones que anteriormente protegieron la ciudad de los corsarios y piratas, el Prado, cuyo nombre oficial es Paseo de Martí, representa para los cubanos, especialmente para los habaneros, un sitio especial. Tal pareciera que desde siempre su destino fue ser una avenida con historia, de esas que nunca pasan inadvertidas.

Quizá por eso es que en su esquina con Neptuno, Enrique Jorrín trajo al mundo el primer chachachá, La engañadora; o bien por tal “designio divino” es que en 1897 el local conocido como Prado nro. 126, al lado del teatro Tacón, acogió la primera exhibición en la isla de un arte que, según algunos, estaba destinado al fracaso, pero que con el tiempo se convertiría en un fenómeno de masas, en un acto de amor: el cine.

La calle de La esquina del pecado

Caminar por Galiano es una suerte de viaje en el tiempo. Calle del comercio en La Habana, sus edificios, portales de mosaicos, su ir y venir de gente evocan una Cuba pasada y te adentran en la presente. Es una mezcla de épocas y sensaciones.

Durante la tercera década del siglo XIX, Don Martín Galiano, ministro del Interior y Fortificaciones del gobierno del capitán general Miguel Tacón, comenzó las obras de construcción de esta calle. Pero no es hasta finales de siglo que la vía empieza a tomar carácter comercial y se construyen los primeros establecimientos de importancia, entre ellos, el Bazar Inglés, El Encanto y la Casa Grande (posteriormente, Ten Cents y Variedades Galiano, hoy día, Trasval).

Calle Galeano. Años 30. Tomado de Pinterest.

No obstante, serían las primeras décadas del siglo XX las que verían a Galiano consolidarse como calle comercial y de servicios. Se erigen hoteles, se edifican nuevas tiendas y la vida social de los habitantes de la ciudad comienza a girar en torno a esta arteria. “Ir de tiendas” se convirtió en la tarea por excelencia de las señoras adineradas, especialmente, los sábados. El Encanto devino el lugar favorito de muchas celebridades hollywoodenses para hacer sus compras. Llegó a tener seis plantas y 65 departamentos, hasta que en 1961 un incendio en contra de la Revolución destruyó la tienda y cobró la vida de Fe del Valle, trabajadora del lugar, en cuyo honor se nombró el parque que ahora ocupa el espacio del famoso establecimiento.

Pero El Encanto tenía su competencia. La Ópera, Fin de Siglo y La Época fungían también como importantes centros de comercio, hasta donde mujeres y hombres llegaban para adquirir ropa, telas, zapatos, sombreros, joyas, perfumes… La calle se llenaría de barberías, peluquerías, sastrerías, peleterías, sederías, quincallerías, mueblerías, joyerías, cafeterías ―como La isla, famosa por sus helados― y un sinfín de lugares para vender y comprar.

Tales sitios propiciaban el ir y venir de las mujeres constantemente. Esto, a su vez, era la causa de que muchos hombres hicieran estancia en la esquina de Galiano y San Rafael para piropear y cortejar a las damas que, muy arregladas, rondaban la zona con el fin de mirar las vidrieras, comprar o simplemente mostrarse al público masculino. Esta especie de coqueteo social condujo a que tal intersección de calles fuera conocida como La esquina del pecado.

Hoy día, a pesar del deterioro que la opaca, Galiano conserva su encanto, su condición de calle habanera concurrida, importante, estratégica. De hecho, por una razón u otra, los residentes en la capital transitan todo el tiempo por ella, quizá para visitar la Casa de la Música, llegar hasta el parque El Curita, pasear por el Boulevard de San Rafael, adentrarse en el Barrio Chino o bien continuar su camino hasta el corazón de la Habana Vieja. También hay muchos que atraviesan desde Malecón hasta Reina por el solo motivo de caminar por Galiano, calle de tiendas, pero también de historia y, sobre todo, de amor por la ciudad que la acoge y hace suya.